lunes, 10 de mayo de 2010

GUÍA TEXTO ARGUMENTATIVO


Fases previas a la escritura de un texto argumentativo con base en los aportes de Anthony Weston

1. PRIMERA FASE: EXPLORAR LA CUESTIÓN

1. Explore los argumentos sobre todos los aspectos de la cuestión. No comience poniendo en funcionamiento la máquina de escribir y escribiendo algún argumento a favor de la primera opinión que se le ocurra. Primero infórmese sobre cuáles son los argumentos más fuertes para cada una de las tesis posibles. Se necesita una investigación exhaustiva. Explorando la cuestión encontrará naturalmente argumentos a favor y en contra. Seleccione los más fuertes a favor de cada tesis.

2. Cuestione y defienda las premisas de cada argumento. Revisar que todas las premisas sean verdaderas. Para ello, busque argumentos que validen esas premisas. Naturalmente, hay muchas premisas que no necesitan mucha defensa. En resumen, cualquier afirmación que dé lugar a dudas razonables necesita al menos alguna defensa.

3. Revise y reconsidere los argumentos tal como aparecen. Antes de empezar a escribir, tómese su tiempo para revisar y experimentar con todos los argumentos que ha escogido. Elija sólo los más fuertes y sométalos a las leyes correspondientes a cada argumento. Si se encuentra con que éstos violan alguna en especial, deberá suprimir ese argumento o –incluso- cambiar de opinión.

2. SEGUNDA FASE: LOS PUNTOS PRINCIPALES DE UN TEXTO BASADO EN ARGUMENTOS

1. Explique el problema. Presente en primer lugar el interrogante al que quiera responder, explíquelo, analice su importancia; justifique el problema, sus preocupaciones y la necesidad de abordarlo. Haga que su audiencia tome conciencia de ello. A veces, para justificar el interés por el tema, se puede apelar a valores, pautas o creencias compartidas.

2. Formule una propuesta o afirmación definitiva. Exponga, en primer lugar, su afirmación o interpretación de una manera simple y luego ofrezca todos los detalles que sean necesarios. En otras palabras, exprese claramente su propósito. Sea específico y – ojalá - dígalo desde el principio.

3. Desarrolle sus argumentos de un modo completo. Desarrolle su argumento principal. “El que mucho abarca poco aprieta”: Un argumento bien desarrollado es mejor que tres argumentos tan sólo esbozados. Concéntrese sólo en uno o dos de los mejores. A veces, presentar con exactitud la propuesta resulta suficiente. Sin embargo, en tópicos más polémicos, tendrá que sacar toda su artillería. Por ejemplo, si arguye a favor de su interpretación de un texto o suceso, éste es el lugar para explicar los detalles de ese texto y su interpretación detenidamente.

4. Examine las objeciones. Analice anticipadamente los posibles contra-argumentos que sus oponentes esgrimirán para derrumbar su propuesta. La mayoría de las propuestas no tienen un solo efecto, sino muchos. Examine qué desventajas pueden tener sus planteamientos y asegúrese de que éstos las superen. Adelántese a las críticas.

5. Examine las alternativas. Si defiende una propuesta, no se contente con demostrar que resuelve el problema. También tiene que demostrar que lo resuelve mejor que las otras alternativas de solución.

3. TERCERA FASE: ESCRIBIR EL TEXTO


1. Siga su esquema. En otras palabras, “planee su trabajo y trabaje su plan”. Por eso, debe asegurarse antes de escribir que ese orden de argumentos sea el más indicado. No olvide que debe presentar sus ideas en un orden natural.

2. Formule una introducción breve. Vaya al grano. Evite los rodeos excesivos para comenzar su escrito. Muchas personas gastan más del 30% de su escrito en el preámbulo del mismo.

3. Exponga sus argumentos de uno en uno. Exponga un argumento por párrafo. Incluir muchos puntos diversos en el mismo párrafo sólo confunde al lector y hace perder aspectos importantes. Indique siempre al lector hacia dónde quiere ir usted, luego explique y defienda su argumento. Use los términos de un modo consistente.

4. Claridad, claridad, claridad. Esta cualidad es tan importante para usted como para sus lectores. No olvide que lo que para usted sea claro o se sobreentienda, quizás para otro no lo sea. Por eso, debe explicar las conexiones entre sus ideas y las premisas que sobreentienda, así le parezcan absolutamente claras. Es más, muchas veces las cuestiones que a usted le parezcan relacionadas puede que no estén realmente conectadas y sólo se dé cuenta de ello al intentar explicarlas. Una buena estrategia para detectar este problema consiste en dejar reposar su texto por unos días y al cabo de ellos, releerlo.

5. Apoye las objeciones con argumentos. No sólo se trata de desarrollar los argumentos propios de una manera cuidadosa y compleja, sino también los posibles argumentos de las otras personas que lo pueden atacar (contra-argumentos); naturalmente esto se hace de un modo no tan completo como en el caso de los propios.

6. No afirme más de lo que ha probado. Termine sin prejuicios y con humildad; deje siempre un margen de incertidumbre; remítase sólo a lo que pudo demostrar y no generalice.

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