viernes, 20 de abril de 2012

Todos con todos. Una noche en un bar swinger.



Por: Jhon Edward Osorio Rodríguez

Por invitación de ‘el pitu’, un viejo conocido de la cuadra, accedí aquel sábado a la petición de ir a conocer su nuevo negocio.  Era un sitio bien oculto a pocas cuadras del centro de la ciudad, desde afuera parecía imposible saber que adentro había un bar, no había publicidad, portero, ni música que perturbara a los vecinos, parecía más bien una casa de familia.

Llegué a eso de las 10 pm, saludé al anfitrión, éste me presentó a su esposa, una rubia bastante joven y hermosa; ambos estaban en ropa interior. Cuando subimos por las escaleras, “el pitu” abrió una puerta y accedimos al sitio, era algo totalmente diferente a lo que desde afuera se veía. Música electrónica algo suave, un juego de sofás bastantes cómodos, las paredes bien decoradas y cuatro parejas que en ropa interior conversaban mientras bebían algo de licor.

Me contó que le estaba yendo muy bien en su negocio y que todo era gracias a “el ángel San Antonio”, a quien tenía iluminado detrás de la barra con una veladora en un improvisado mini altar que él mismo había construido.

Me dijo que para evitar quejas e incomodidades de los clientes, me quedara en ropa interior y me hiciera detrás de la barra simulando ser el Dj, desde ahí podía ver como transcurría todo en las horas posteriores.

Un rato después entraron 3 parejas, se sentaron y se quedaron en interiores a excepción de una chica que se negaba a quitarse la ropa. “El pitu” inmediatamente le recalcó que entonces debería abandonar el lugar ya que no se permitía la estadía de personas con ropa. Minutos después la mujer algo apenada accedió a despojarse de sus prendas y depositarlas en una bolsa que el mismo anfitrión les regalaba a los clientes.

Habían ya, siete parejas; aclaro que la condición para entrar a este lugar, es ir con una pareja del sexo opuesto, además de pagar la tarifa de cien mil pesos por pareja.

Todo estaba tranquilo y algunos asistentes se miraban entre sí, de repente “el pitu” anunció el primer show de la noche; una pareja de strippers sale a bailar mientras la música electrónica empieza a sonar más fuerte y las luces de colores rodean el sitio. Ambos bailan y se acarician, se deslizan por un tubo y se van quitando las prendas al compás de la música.

La mujer stripper, toma la decisión de calentar el ambiente y empieza a hacer una ronda por todo el bar practicando sexo oral a los clientes, el hombre también hace lo mismo y ubica su pene en la cara de las mujeres para que estas le practiquen sexo oral. Como una relación de causa y efecto, un hombre se abalanza por la parte de atrás de su pareja mientras esta le practica sexo oral al stripper. Inmediatamente el ambiente cambia, hombres y mujeres empiezan a tener sexo en el piso y en los sofás.

Puedo notar una división en el grupo; en un lugar las cuatro parejas que estaban cuando llegué, al otro lado están las tres parejas que llegaron de último. Siento dificultad para identificar las parejas que había, ya que el intercambio es constante, la chica que tenía pena de quitarse su ropa al principio, ahora tiene sexo  con uno de sus amigos que no es precisamente su pareja.

La esposa de “pitu”, que se le notaba muy tranquila en la parte de atrás, empieza a practicarles sexo oral a los clientes, “pitu” se encuentra bailando con una mujer mientras observa como su esposa les da la vuelta a todos los hombres. Ambos  se miran y sonríen.
A eso de la 1 am, llega una pareja bastante joven y se sienta en un rincón del recinto, se sienten tímidos y algo aterrados al ver tremenda escena. “hombres con hombres, mujeres con mujeres, hombres con mujeres” como diría una exreina. La esposa de “pitu” aborda a la pareja y le practica sexo oral al muchacho, la chica cambia inmediatamente su cara de aterrada a enfadada, trata de disimularlo sacando su celular y haciéndose la que mira algo importante en él mientras observa de reojo a la esposa de “pitu” divirtiéndose con lo suyo. Unos minutos después, la chica se para y abandona el recinto mientras los ecos de llamada de su novio se pierden en la música y en el placer que la esposa de “pitu” le está brindando.

Minutos después el joven decide ir a buscar a su novia que ya no se encuentra en el lugar, un grupo de asistentes ya ha terminado su faena sexual y se disponen a observar al grupo del otro lado que ha vuelto a entrar en acción.

El ambiente es muy pesado, con la música electrónica que golpea todos los rincones del sitio, los gritos de algunas mujeres mientras bailan y tienen sexo, algunos condones en el piso y los gestos lujuriosos de las personas. Por unos momentos uno se imagina en otro espacio, en Europa tal vez, o en el infierno, donde el diablo le sirve ardiente licor a la gente y  las luces rojas apuntan a sus ojos llenos de ambiciosas pasiones carnales. Todo lo establecido, las reglas, los valores, la ropa, se quedan en la puerta. Allí solo entra el instinto reprimido que se libera, ¡freudianos inconscientes! Dejo de imaginar y caigo en cuenta, estoy en Pereira, a pocas cuadras del centro, en un rincón oculto que pasa desapercibido ante el común, enseguida de las oficinas y los edificios, al frente del supermercado y la carnicería, cerca de la escuela, por donde pasa el Megabús.

La fiesta se acaba y todos salen caminando como si nada hubiese pasado, con su ropa bien puesta, el maquillaje bien aplicado y el sudor seco; poco a poco olvidarán que estuvieron en otro mundo, al que se accede con solo cruzar una puerta y pagar cien mil pesos.

“Pitu” y su esposa quedan allí, la veladora que alumbraba a San Antonio se gastó; cerrarán el negocio y se irán a descansar, una hija de tres años que es cuidada por una niñera los espera, a medio día irán a piscina.



No hay comentarios.: