lunes, 15 de junio de 2015

LA MULA DE TRES PATAS

¡La mula de tres patas!, ¡la mula de tres patas me persigue! ¡Ábrame mija! ¡Ábrame, ábrame¡ Gritaba Jorge con desesperación para que su esposa le quitara el pasador a la puerta de la casa. Era la una de la madrugada y Jorge había tomado licor sin parar desde el día anterior. - Pero, ¿qué le pasó mijo? Le pregunta Lucía a Jorge, desde adentro de la casa.
La mujer con una vela en sus manos, abre la puerta. Jorge lucía una palidez que se acentuaba con la luz de la vela que portaba ella en sus manos, sus ojos casi se salían de las cuencas decoradas por el morado de las ojeras. ¡Quítese mija! Gritaba Jorge con desesperación para que su esposa le abriera paso y él se pudiera entrar para su casa. - Pero, qué le pasó mijo. Le pregunta Lucía nuevamente al ver a Jorge pálido,  temblando y con la camisa mojada por el sudor que recorría su cuerpo.

- Como le parece mija que cuando venía para la casa, escuché el sonido de unas cadenas que se arrastraban por el pavimento, y yo de metido me fui a ver qué era lo que producía ese ruido. Tremendo susto me llevé al ver al diablo con cara de mula y los ojos rojos. Al verme se echó calle abajo galopando, arrastrando unas cadenas que le salían de la enjalma y echando candela de las tres patas, porque estoy seguro mija que solo tenía tres patas.

La borrachera que traía se me fue pa´ la porra y arranqué a correr pa´la casa mija. Ese era el mismísimo diablo, estoy seguro. Terminó diciendo Jorge todavía pálido y con los pantalones mojados como si se hubiera orinado del susto.
- Eso le pasa mijo por gastarse la platica del mercado en viejas y en trago. Agradezca que no se lo llevó el diablo, si no, imagínese en dónde estaría. Cocinándose a fuego lento en el...



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